Existen muchas pastorales: parroquial, carcelaria, de la salud, de migrantes, del trabajo, entre otras. Nuestra pastoral es educativa. Es el acto educativo el que tenemos que tocar y transformar: el aula, la escuela, el recreo, el aprendizaje, el currículo, las relaciones y el ambiente del centro educativo, la gestión, la pedagogía, el deporte. Por ser educativa, nuestra pastoral ha de entrar en los códigos, claves, dinámica, lógica, procedimientos y acción educativa en la escuela. Acudiendo a la imagen del evangelio, la pastoral entra como fermento dentro de la masa, de lo contrario queda como algo extraño, externo, vinculado a eventos que poco tocan la vida de la escuela y de las personas. En razón de ello, es una pastoral que incide directamente en la propuesta curricular de los distintos espacios y procesos educativos.
También fomenta experiencias de aprendizaje desde la apertura a la vivencia de la fe que se expresa en el servicio solidario de los más débiles y pequeños, y en el empeño tenaz por colaborar en la construcción del Reino de Dios en la tierra; fomenta en el ámbito educativo y a través de él, la solidaridad que nace de un contacto vital con los más necesitados, con los golpeados por la vida, por la miseria, por las carencias, por el desamor.
Lo anterior nos lleva a considerar la pastoral en Fe y Alegría en una doble acepción: como perspectiva global de todo el quehacer educativo comunicacional y como proceso específico del modelo educativo de la Escuela Necesaria de Calidad.
1. La Pastoral como perspectiva global de la acción educativa – comunicacional
Como perspectiva y/o dimensión, la pastoral es la visión, intencionalidad y talante que impregna y modela la acción educativa y comunicacional desde los valores y actitudes humano-cristianos que sostiene Fe y Alegría. Esta perspectiva brota de la fe, de la experiencia de encuentro personal con Jesús y del compromiso por construir el Reino de Dios entre nosotros. Desde esta experiencia personal y comunitaria se construye un modo de ser, de hacer, convivir y de acercarnos a la realidad. Hoy identificamos esta perspectiva pastoral en lo que consideramos un programa en clave de pastoral: una escuela, una universidad, una emisora, un proyecto... en clave de pastoral.
La perspectiva o dimensión pastoral busca dotar al Movimiento de un “alma” pastoral, para que toda la vida y quehacer de Fe y Alegría queden impregnados de sensibilidad evangélica, de manera que la obra en cuanto tal -su proyecto educativo y comunicacional, su organización, su metodología, sus estructuras- se convierta en lugar desde donde se construye, se celebra, se interpela, se profundiza y se intenta vivir desde los valores del Reino de Dios.
Por ello, la dimensión o perspectiva pastoral de nuestra acción educativa necesita que todos los sujetos de dicha acción tengan visión pastoral. Es un nivel básico de identidad con Fe y Alegría, con sus valores y opciones fundamentales, que se concreta en “el conocimiento, respeto y práctica de los lineamientos en su opción de servicio a los pobres”.
Desde esta concepción, la pastoral acompaña, apoya, anima, ofrece pistas y criterios de acción a las otras áreas y dimensiones del quehacer educativo de Fe y Alegría: pedagógico, comunicacional, comunitario y de gestión.
2. Una acción pedagógica en clave de pastoral
Una acción pedagógica en clave de pastoral define la intencionalidad evangelizadora, -el para qué- de la acción pedagógica, de sus contenidos, metodología y estrategias. Modela una forma de relaciones de la comunidad educativa y del proceso de enseñanza y aprendizaje; conforma una manera de acompañar pedagógica-pastoralmente a la persona.
Por otra parte, ofrece una visión global del hecho educativo y de la formación integral del ser humano: que educa la inteligencia, el corazón y la voluntad, la mente y las manos, para que las personas aprendan a vivir y convivir en este mundo y sean capaces de transformarlo desde el conocimiento de la realidad y la valoración de su cultura y de las otras culturas.
De igual manera, orienta los procesos de aprendizaje desde una pedagogía del amor y la alegría, que forma la responsabilidad del sentimiento, para ser capaces de amarse y de amar, superando de este modo el egoísmo, el narcisismo y el egocentrismo de una vida cómoda y mediocre.
También fomenta experiencias de aprendizaje desde la apertura a la vivencia de la fe que se expresa en el servicio solidario de los más débiles y pequeños, y en el empeño tenaz por colaborar en la construcción del Reino de Dios en la tierra; fomenta la solidaridad que nace de un contacto vital con los más necesitados, con los golpeados por la vida, por la miseria, por las carencias, por el desamor.
Promueve la formación de una inteligencia capaz de comprenderse, de comprender a los demás, y comprender el mundo para contribuir a su permanente mejora y humanización; una inteligencia con capacidad crítica, analítica, creativa, de resolución de problemas y proposición de nuevas posibilidades en la realidad.
Garantiza en el acto pedagógico el diálogo, la participación, la cooperación, la negociación en el conflicto, de modo que enseñen a vivir y a trabajar juntos a los que son diferentes.
Fomenta la formación del gusto y de la sensibilidad, de modo que la persona sea capaz de percibir y producir lo bello, lo original, lo valioso, que nace del libre juego de la imaginación, la fantasía y la intuición. Sugiere caminos para explorar y desarrollar las posibilidades creativas de cada persona. Para ello, propone una pedagogía de la expresión y la creatividad, capaz de hacer surgir y cultivar los talentos de cada persona.
3. Una gestión en clave de pastoral
Por gestión entendemos un conjunto de acciones que se llevan a cabo para alcanzar un objetivo previsto, que abarca el momento del diagnóstico, la planificación, la ejecución de lo planificado y el momento de evaluación y revisión del proceso vivido. Una gestión en clave de pastoral:
Garantiza que los criterios de acción de la gestión en los programas sean desde los valores y actitudes humano-cristianos que se promueven dentro del Movimiento: respeto, tolerancia, escucha, servicio, disponibilidad, servicio, compromiso activo, capacidad de trabajo en equipo, participación en la toma de decisiones, resolución de conflictos a través del diálogo.
Promueve una cultura democrática, de responsabilidad y rendición de cuentas al interior de todo el Movimiento de Fe y Alegría.
Garantiza un liderazgo institucional en la gestión de acuerdo a la filosofía de Fe y Alegría: equipos directivos que se responsabilicen por la animación, revisión, evaluación y reelaboración permanente del proyecto educativo del programa.
Acompaña formativamente a los diferentes miembros del programa y crea un ambiente motivador, de entusiasmo y comunicación.
Garantiza la participación de todos los miembros en la construcción de los proyectos educativos y, por otra parte, de procesos de evaluación del proyecto acordes con sus objetivos.
Padre José Gregorio Terán. S.J.
La pastoral en Fe y Alegría se visualiza en una doble acepción: como perspectiva global de todo el quehacer educativo comunicacional y como proceso específico del modelo educativo de la Escuela Necesaria de Calidad.
ResponderEliminarHoy identificamos esta perspectiva pastoral en lo que consideramos un programa en clave de pastoral.
La vida y el quehacer de Fe y Alegría queden impregnados de sensibilidad evangélica. Por ello, la dimensión o perspectiva pastoral de nuestra acción educativa necesita que todos los sujetos de dicha acción tengan visión pastoral. Es un nivel básico de identidad con Fe y Alegría, con sus valores y opciones fundamentales, que se concreta en “el conocimiento, respeto y práctica de los lineamientos en su opción de servicio a los pobres
Una acción pedagógica en clave de pastoral define la intencionalidad evangelizadora.
Por otra parte, ofrece una visión global del hecho educativo y de la formación integral del ser humano: que educa la inteligencia, el corazón, la voluntad, la mente y las manos, para que las personas aprendan a vivir y convivir en este mundo y sean capaces de transformarlo desde el conocimiento de la realidad y la valoración de su cultura y de las otras culturas. De igual manera, orienta los procesos de aprendizaje desde una pedagogía del amor y la alegría, garantizando en el acto pedagógico el diálogo, la participación, la cooperación, la negociación en el conflicto, de modo que enseñen a vivir y a trabajar juntos a los que son diferentes.