martes, 7 de febrero de 2017

Capítulo I FE Y ALEGRÍA: UNA OBRA EDUCATIVA EVANGELIZADORA

Fe y Alegría se define a sí misma como un Movimiento de Educación Popular Integral y Promoción Social, nacido de la experiencia y compromiso de fe del Padre José María Vélaz, un hombre que, interpelado por la realidad de injusticia y exclusión, decide sumar esfuerzos por transformar y humanizar dicha realidad, y para ello, convoca y anima a otros a comprometerse en un proyecto de educación y de evangelización.

Fe y Alegría desde sus inicios agrupó a personas de fe, religiosos(as) y laicos(as), quienes concibieron su acción educativa como compromiso cristiano de transformación de las estructuras de exclusión socioeducativas, para construir un mundo más justo y más humano. Este hecho le llevará a Vélaz a afirmar que “…el motor que ha impulsado a tantas personas a comprometerse con amor y sacrificio en Fe y Alegría ha sido el espíritu cristiano”

El Congreso Internacional de Fe y Alegría de Río de Janeiro (1991) nos recuerda que “Educación, Evangelización y Compromiso son tres dimensiones que se unifican en el acto educativo, siempre que se asuma a la mujer y al hombre como seres que se realizan en relación unos con otros”. Enfatiza el documento: “la acción evangelizadora se realiza por medio de modalidades claramente educativas, por itinerarios de maduración en la fe que penetran las dimensiones fundamentales de la persona, dándole unidad y sentido. En esta dirección, el proceso evangelizador desemboca en compromiso, sin él no existe educación propiamente dicha.”

Fe y Alegría es así una obra educativa y una obra evangelizadora bajo la convicción de que una educación integral debe tener un carácter evangelizador, de buena nueva, un carácter de salvación. Por ello, Vélaz afirma que hay que “educar por encima de todo, porque educar es salvar”3. Por tanto, toda la acción educativa de Fe y Alegría debe ser una acción pastoral, en la que se implican todos los sujetos que en el Movimiento hacen vida, vinculados a la gerencia, administración, gestión pedagógica, recursos humanos, comunidad, entre otros.

Esta experiencia fundacional es la que nos compromete en la misión de “Promover la formación de hombres y mujeres nuevos, conscientes de sus potencialidades y de la realidad que los rodea, abiertos a la trascendencia, agentes de cambio y protagonistas de su propio desarrollo”.4 Fe y Alegría piensa que sigue teniendo sentido esbozar y aspirar a un modelo de persona, sociedad e Iglesia inspirados en los valores del Reino, modelo que todos en el Movimiento estamos llamados a construir.

La persona nueva la entendemos íntegramente desarrollada y realizada en todas sus potencialidades individuales, sociales y espirituales. Una persona con sentido de dignidad y valoración de sí misma, consciente de sus derechos y respetuosa de la dignidad y los derechos de los demás, apasionada por la justicia, sensible, solidaria y actuante ante la injusticia y el dolor humano; fraterna y creadora, amante de la naturaleza, abierta y respetuosa de las culturas y de lo diferente; capaz de crear comunidad, de establecer con los demás relaciones de mutuo enriquecimiento, de inventar y compartir con otros la búsqueda de soluciones solidarias.

Aspiramos un modelo de sociedad justa y productiva: donde se respete a la persona, su dignidad, sus ideas y valores culturales, humanos y espirituales; donde se viva en igualdad de derechos y deberes, suprimiendo la discriminación por razones de raza, sexo, religión, ideología política u otras; donde se tenga acceso real a la satisfacción de las necesidades humanas básicas, superando la brecha entre los que tienen más a favor de los que tienen menos y promoviendo a los sectores más deprimidos; donde el desarrollo se entienda como un proceso humano, productivo, integral y sustentable para todos.6
Una sociedad participativa y solidaria: donde todos accedan a los bienes culturales, económicos, sociales y religiosos y en la que todos aporten según sus fuerzas y reciban según sus necesidades; donde se busque comunitaria y solidariamente la solución de los problemas; donde se compartan –en forma libre y responsable- las decisiones y la marcha de la misma sociedad, los medios de producción y el fruto del trabajo.

Igualmente aspiramos un modelo de Iglesia que se entiende a sí misma como pueblo de Dios, como comunidad de creyentes, seguidores de Jesús, que tiene la misión de anunciar y construir su Reino aquí en la tierra. Una Iglesia comprometida con el ser humano, inculturada, inserta en el mundo de los empobrecidos y discriminados, por los que opta. Una Iglesia testimonial y coherente, que anuncia la Buena Noticia y denuncia todo lo que atenta contra la Utopía del reino. Una Iglesia Católica, Ecuménica, abierta y en diálogo con todos, sin discriminaciones, abiertas a otras iglesias y vivencias de fe.

El carácter evangelizador de la acción educativa se historiza a través de una pedagogía evangelizadora que comunica la Buena Noticia del Reino de Dios, que trae la liberación sobre todo a los más necesitados, y gracias a la cual cada hombre hace su propia historia, se hace consciente de su filiación divina y de su hermandad con los demás hombres y lucha por el cambio de la sociedad. Una pedagogía que hace patente el evangelio en todo el quehacer y en todas las instancias de la labor educativa y enriquece la vivencia de cada ser humano con la experiencia personal de Dios.

Una acción educativa evangelizadora requiere y promueve personas comprometidas, desde su ser cristiano, en actitud de servicio, las cuales proponen como dinámica de vida “manifestaciones de la Fe en compromisos reales por la justicia”.

1. La Fe Cristiana: parte substancial de la Identidad y Misión de Fe y Alegría

1.1. En su origen, identidad y misión

Nos dice el P. Vélaz en sus escritos:
“No es nuestro primer nombre, Fe, una mera casualidad, sino el camino premeditado y el signo de nuestro primer tesoro. Es la luz que nos orienta y guía. Es la fuerza que nos hará invencibles. Nuestro primer nombre es Fe, porque nuestro Movimiento ha querido ser, desde el comienzo, un grupo de hombres de fe, pensando en que a su debido tiempo seremos un verdadero ejército de hombres de fe, porque la fe salva y la fe conquista. Fe en que Dios es nuestro verdadero Padre, y su Cristo, nuestro hermano; y que, por este Padre común y por este Hermano, somos todos los hombres hermanos, por ser hijos de Dios” (El crecimiento de Fe y Alegría, 1981)

“Somos mensajeros de la fe y al mismo tiempo mensajeros de la alegría. Mensajeros de la fe y maestros de la alegría. Debemos, por lo tanto, aspirar a ser pedagogos en la educación de la fe y pedagogos de la alegría. Dos vuelos espirituales tan hermosos y radiantes que son capaces de enamorar una vocación. Dos poderes y dos dones de Dios que son capaces de trasformar el mundo” (La pedagogía de la alegría, 1979)

“Necesitamos hombres y mujeres vitalizados, vigorizados y rejuvenecidos por la fe, en que Dios mismo quiere ayudarnos a la elevación educativa de sus hijos, potenciando en ellos un futuro mejor, construido por los poderes de la inteligencia y del amor y no sólo por los músculos proletarios al servicio humillado de insignificantes minorías” (El camino realizado y la tarea futura, 1980)

Al presentar los principales objetivos de una planificación en Fe y Alegría, el P. Vélaz insiste en la “Promoción de la Espiritualidad Apostólica”, para lo cual plantea:
“Fe y Alegría no debe pagar el menor tributo ideológico a un estéril secularismo y a una especie de respeto humano de signo laicista. En ninguna parte hacemos ostentación de catolicidad, pero en todas las ocasiones vitales nuestras energías deben proceder de raíces cristianas. Estas son nuestro distintivo y afirman fundamentalmente nuestra autenticidad. Nos denominamos “Fe” y debemos ser consecuentes con esa Fe. Nuestros Directivos sobre todo y en su tanto todo nuestro Magisterio, debe de estar integrado por hombres y mujeres de viva Fe. Esa Fe debe mover nuestros criterios y nuestras acciones, nuestro espíritu de servicio a los Hermanos, nuestra entereza y nuestra constancia, nuestro valeroso sacrificio y nuestro Amor en bien de ese inmenso pueblo tratado con Desamor por casi todos.

Nos hace falta un Cristianismo comprobado por el valor, por la austeridad en el trabajo y en el uso de los medios materiales, por la curiosidad en el mejoramiento técnico, organizativo y humanístico, según las condiciones geográficas y sociales de nuestro Pueblo más Pobre y Apartado. Un Cristianismo de Obras Activas y Vitales en bien de nuestros Hermanos más Relegados y Olvidados” (Cartas del Masparro, 28.5.84)

Finalmente, al hablar de la “bandera” del Movimiento, afirma:

“Nuestra bandera ha sido la educación integral de los más pobres, es decir, de los más menospreciados e ignorantes y como estos son muchos millones, nos hemos atrevido a la educación de millones. O lo que es lo mismo: a la liberación de millones, a la evangelización de millones, a la salvación de millones. (Fe y Alegría: características principales…, 1981)

1.2. En su Ideario
Fe y Alegría es un Movimiento de Educación Popular que nacido e impulsado por la vivencia de la Fe Cristiano, persigue los siguientes objetivos:
 Promover la formación de hombres y mujeres nuevos, conscientes de sus potencialidades y de la realidad que los rodea, abiertos a la transcendencia, agentes de cambio y protagonistas de su propio desarrollo.
 Contribuir a la creación de una sociedad nueva en la que sus estructuras hagan posible el compromiso de una Fe cristiana en obras de amor y de justicia.
Entre los medios privilegiados está una “pedagogía evangelizadora y liberadora”. Respecto a la acción educativa de Fe y Alegría se coloca como primera característica “el carácter evangelizador y pastoral de toda la acción educativa de Fe y Alegría”. En su dinámica se resalta la “manifestación de la Fe en compromisos reales por la justicia.”

De la organización de Fe y Alegría se afirma claramente el “Carácter eclesial del Movimiento11 como pueblo de Dios en el que resalta la presencia y acción de Laicos comprometidos y de Institutos de vida consagrada con sus carismas propios, en co-responsabilidad con la Compañía de Jesús, fundadora y animadora del Movimiento, y en comunicación con las Iglesias locales.”

2. Desentrañando el significado e implicaciones de la vivencia cristiana como elemento central de la identidad de Fe y Alegría

Para profundizar en la identidad de Fe y Alegría, en el año 2003, los directores nacionales lanzaron preguntas generadoras de diálogo y reflexión en todos los países y programas, y recogieron lo siguiente:

2.1. ¿Qué significa que Fe y Alegría, como Movimiento de Educación Popular, nace y es impulsado por la vivencia de la fe cristiana?
Nacer y ser impulsado por la vivencia de Fe Cristiana implica un perfil esencialmente cristiano, es decir, cimentado e inspirado en la persona de Jesús. Por eso significa tener fe, creer y hacerlo desde una experiencia comunitaria - eclesial. De hecho Fe y Alegría nace de una exigencia del Espíritu en la Iglesia que luego se hará patente en el Concilio Vaticano II, en las Conferencias Episcopales de América Latina de Medellín (1968) y de Puebla (1979): abrirse a las necesidades del mundo y la historia, y asumir las opciones de Jesús. Cristo trabajó, vivió y compartió con los más necesitados, con quienes eran rechazados por una sociedad injusta, por eso para ser fiel a ese impulso del Espíritu, Fe y Alegría tiene que hacer constantemente una opción por los pobres, desde los pobres y para los pobres, quienes son su razón de ser.

Fe y Alegría está llamada a vivir sus raíces evangélicas desde la renovada acción del Espíritu que mueve a dar respuestas dinámicas y novedosas a las cambiantes situaciones que vive el mundo. Es querer responder a ese gran amor e invitación de Dios, haciendo de la educación, la organización y la comunicación medios de evangelización, de lucha por lograr unas condiciones dignas de vida para todos, de humanizarnos y hermanarnos.

En tiempos cuando abundan las propuestas religiosas, se desvanecen los contenidos y las palabras se prestan para cualquier significado, incluso para no decir nada, consideramos necesario dar razón de nuestra fe, comunicar y compartir lo que nosotros pensamos, creemos, deseamos e intentamos vivir.

2.2. ¿Cuáles son los elementos de espiritualidad que sustentan esta convicción?

Entre otros, se resaltan los siguientes:
 El anuncio de la persona de Jesús de Nazaret, como verdadero Hombre y verdadero Dios, con una opción clara por el Reino y su justicia. Anuncio que deseamos asumir plenamente también como institución, en todo el proceso constructivo de nuestra labor educativa y comunicacional.
 El proyecto de Jesús que no es otro que el Reinado de Dios como una trasformación de las personas y de las estructuras, con nuevas formas de ejercer el poder, con métodos que contribuyan a la humanización de nuestro mundo.

 Opción por los pobres y excluidos.
 La vivencia de una serie de actitudes y valores tales como:
o El énfasis en lo comunitario y la solidaridad que nos lleva a privilegiar el trabajo en equipo.
o Aprender a hacer del trabajo diario una oportunidad de gozo, alegría y crecimiento personal, que no es otra cosa que comenzar a vivir la praxis como una misión desde la que nos realizamos personalmente.
o Cultivo de una sensibilidad que se manifiesta en el modo de acercarnos y conocer la realidad, de dejarnos interpelar por ella y mirarnos desde la relación con los otros.
o Responder a la complejidad de la realidad con respuesta integrales que vinculen a otros, sean personas, programas e instituciones.
o De ahí, la importancia del reconocimiento de lo distinto, del otro, de lo plural.
o Una manera de vivir que contagia y convoca y nos abre a la trascendencia y al sentido.
o El servicio que se expresa en el modo cómo realizamos nuestras responsabilidades, la manera de ejercer la autoridad y en el voluntariado.
o La preocupación por un “clima organizacional” que estimule la sinergia, dé sentido de pertenencia y haga aflorar lo mejor de cada uno.

3. ¿Qué decimos cuando afirmamos la identidad católica de nuestra educación? 

Que en nuestros centros se viven los valores del evangelio. Estos valores se expresan, trasmiten, se manifiestan en las estructuras, dinámica y funcionamiento del centro, en la creatividad pedagógica, en relaciones fraternas y educativas, en ambiente humanizante.
 Todo centro católico oferta y lo concreta en su Ideario, carácter propio y Proyecto Educativo, una formación integral a partir de la concepción cristiana o evangélica de la persona. Al objetivo general y común de toda educación de hacer buenas personas y buenos ciudadanos, la educación católica añade “buenos cristianos”. Se trata, en definitiva, de incorporar al hoy tan trillado concepto de calidad, el que sean “cristianos de calidad”. Esto debe llevarnos a revisar los indicadores de vida cristiana que, como todo, han ido cambiando con el tiempo.
 El gran reto hoy es irnos configurando como centros educativos con sabor a evangelio, levadura en la masa de la educación. Los centros educativos católicos deben entenderse y asumirse como verdaderas comunidades de aprendizaje y vida. De ahí que el modo de organización y de comunicación, de ejercer la autoridad y el poder, la forma en que se tratan los diferentes miembros de la comunidad educativa, el respeto a la diversidad y las diferencias, la responsabilidad y el compromiso con que cada uno asume sus tareas y obligaciones, la defensa de los derechos de los más débiles, la solidaridad y discriminación positiva que se practica en todos los recintos y tiempos escolares que privilegia a los menos favorecidos y estimula la pedagogía del amor y de la
alegría, la manera como se resuelven los problemas y se enfrentan los conflictos, los modos de celebración, trabajo y producción..., deben pensarse y estructurarse desde los valores evangélicos. Se trata, en definitiva, de transformar profundamente nuestros centros educativos para que se conviertan en semillas y ya también microcosmos de la nueva sociedad que pretendemos, del reino que proclamamos y buscamos.

Desde esta perspectiva afirmamos que: La pastoral en Fe y Alegría tiene identidad católica definida, con perspectiva ecuménica, y en diálogo interreligioso.

 Somos católicos. Fe y Alegría es una de las respuesta de la Iglesia Católica Latinoamericana en su lucha para contra la pobreza y la injusticia, específicamente en lo educativo. Por eso nuestra pastoral es católica y está vinculada a la acción pastoral de Iglesia. Quiere ser una pastoral inculturada y en diálogo ecuménico con otras iglesias.
 ¿Qué significa encarnarse hoy y aquí? ¿Cómo animar una pastoral inculturada? Es un desafío que nos exige ir más allá de lo mínimo, de la mera formalidad, de la rutina, de lo que siempre se ha hecho. No bastan meras actividades y cronogramas. Hay que preguntarse qué es lo que toca hacer ahora y cómo hacerlo para alcanzar los objetivos. Nos encomendamos al Espíritu Santo para que nos dé la valentía y la garra de los primeros evangelizadores, y la sabiduría para discernir cómo actuar para estar a la altura de los tiempos y servir con mejor calidad a nuestros destinatarios.
 Deseamos llegar a todos las personas del Movimiento. Alumnos y ex alumnos, maestros, personal obrero, administrativo y directivo, padres y representantes, y a la comunidad que nos rodea. Para ello es necesario propuestas evangelizadoras y formativas para cada uno de ellos, teniendo presente sus particularidades y tiempos.
 Nuestra gran fuerza nos viene del Espíritu del Señor, del Espíritu Santo. Él nos convoca, anima y fortalece. Pero nosotros tenemos que poner los medios: unos buenos equipos y comisiones de trabajo que nos permitan organizar y gestionar las acciones, personas, tiempos y esfuerzos en los distintos centros educativos en la búsqueda de los objetivos planteados.

Padre José Gregorio Terán.

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